domingo, 25 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO

Hace cinco años, “mi negra”,
pialamos los corazones,
y el baruyo’e dos pichones
a nuestro nido hoy alegra;
ese buyicio reintegra
lo que’l cansancio nos quita,
yo ensiyo y de mañanita
ya me largo a trajinar,
y vos hacés en tu andar
lo que’l rancho necesita.
  
Amasás el pan casero;
le echás máiz a las gayinas;
lavás en la vieja tina
la ropa con mucho esmero,
prieparás un güen puchero
pa’ la hora’e la comida;
volcás agua en la bebida,
a los chicos vigilás,
una lechera ordeñás
y hervís la leche enseguida.
  
Yo enfrento el trabajo diario
saliendo de recorrida:
levantando una parida…
cueriando si es necesario;
arreglando -anque precario-
si se ha roto un alambrao;
también curo un abichao
y hasta si se ofrece amanso,
¡porque’s pa’l crioyo un descanso
el trabajar bien montao!
  
Y esas tardes que a las casa’
pego la güelta temprano,
deseguida tengo a mano
la mazeta y la mordaza,
porque un güen crioyo reemplaza
las pilchas que’stán bichocas,
y anque mis manos son tiocas
pa’l trabajo delicao,
las sogas de mi recao
son guasas… ¡pero no pocas!


Cuando estoy entretenido
intentando una costura,
remojo la cebadura
matiando como al descuido;
la hija mayor hace nido
cerca mío, en la cocina,
demientras que con harina,
con agua salada y grasa,
unas tortas frita’amasa
mi prienda, gentil y fina.
  
Que hoy cinco… Mañana diez…
Ansí se pasan los años,
endemientras te acompaño
y vos a mi, ya lo vez.
Pasará el tiempo y dispués
crecidos, se irán los hijos.
¿Pero… que diantres me aflijo!
si hace cinco años apenas
¡que a un amor hecho cadena
nos hemos uncido fijo!
                                 (25/07/1981)

Carlos Raúl Risso E.-

domingo, 18 de septiembre de 2016

GUARDA!

Me viene mal baraja,
la cuestión se pone fea
pero me abrazo a la idea
de’nfrentarla a rompe y raja;
no hay chúcaro que a rodaja
no se doblegue al dolor,
y a mi me suebra valor
pa’ dirle firme al encuentro
¡que tengo un temple de adentro
como pa’ pechar lo pior!

Se dice que todo pasa
hasta el temporal más feo,
pero hace rato que veo
que un cielo negro me abraza;
la realidá se disfraza
-uno puede colegir-
pero se alcanza’lvertir
como dándole’n el clavo
¡que habrá de ser tiempo bravo
el que nos toque vivir!

Se confunde libertá
con el total entreguismo,
y se abre como un abismo:
riqueza o necesidá.
Total naturalidá
demuestra el que mucho roba,
pero solo se joroba
el que “rajuñó” un centavo
¡porque la justicia, al “pavo”,
de cien maneras lo adoba!

Por girar como la rueda
seguirá el mundo rodando,
más pobre, el pobre, galguiando
y el rico, más rico queda;
el que gobierna se’nrieda
con el hilo ‘el carretel
pues se sirve del pastel
una tajada sabrosa
¡y aquel que piense otra cosa
que salga en defensa d’él!

Yo me siento ensemismao,
sorprendido y con asombro…
¡y pensar que puse’l hombro
pa’ quedarme deslomao!
Si al matungo trajinao
lo aguaita un final de tacho,
anque ya no soy muchacho
capaz que me’ncrespo fiero,
¡que pa’rriarme al matadero
hará falta más de un macho!

No afloja la sabandija
encarnizada es sin yel,
pa’ella, la sangre’s miel
y la chupa a dos verija’;
el que al pueblo tanto esija
que tiemple la consecuencia,
no lo ciegue la osecuencia
de un rodeo de adulones
¿qué pasará si los piones
se olvidan de la obediencia…?

Cuando afina, el que’s cantor,
no grita pa’ dar su canto,
porque’l fundamento es tanto
que hasta lo escucha el señor.
Y si es murmuyo el clamor
del pueblo que ya no aguanta
¡guarda!, que tanta garganta
hambriada, seca, sedienta,
puede ser como tormenta
que la negrura agiganta.

Y he de seguir yo también
jinete sobre un beyaco
que’l cuerpo al charque no saco
si necesito un sostén.
Y dejo aclarao muy bien
quedando el verso’e testigo,
si jinetiarlo consigo
y al ejuerzo no me dueblo
¡sepan pues, de que “juan pueblo”
puede ser cruel, pa’l castigo!
                                        (17/12/1997)
Carlos Raúl Risso E.-
                      


miércoles, 7 de septiembre de 2016

SIN GÜELTA DE HOJA

                          A Don José Tirado

Quiere’l trenzao de mi canto
volcarle un pial de cariño,
y sobre’l tiro me aliño
al abrigo de su manto,
porque usté que sabe tanto
de las costumbres camperas
me h’arrocinao endeveras
al fogón de su decir,
 ese, que pa’ mi sentir
¡nunca ha tenido tranqueras!

Mi verso enciende candiles
que le amojonan la güeya
y hacen briyar más la estreya
de sus sentidos viriles;
yeva unos cuantos abriles
entropiyaos con anhelo,
que hacen que’l yamarlo agüelo
sea una espresión sin engaños,
porque’n verdá son sus años
¡entable de un solo pelo!

Retazo de tradición;
bronce vivo de una raza
que se agranda mientras pasa
el tiempo al tranco lerdón;
ansí es usté en su fogón
con su silencio projundo,
silencio en el que me hundo
cuando emprincipia un relato
¡porque su voz es mandato
de las raíces del mundo!

A través de su presencia
me topo con mis mayores,
y revivo los albores
de nuestra crioya esistencia.
Usté’s palo que aquerencia
a los que quieren lo crioyo,
palenque’n el que me apoyo
con tuita la juerza’el brazo,
porque a su lao sé que al lazo
bien tirao, ¡le sobra un royo!

No es murmuyo’e tradición
lo que mi verso le canta:
¡es grito a flor de garganta
con fundamento y razón!
¿De homenaje…? Mi emoción
como sentimiento humano
por saberlo tan paisano,
sin güelta de hoja… ¡derecho!
y que al corazón del pecho
¡yeva en el güeco’e la mano!
                                       (14/12/1983)
 Carlos Raúl Risso E.-

CINA CINA

Centinela de guardia en la barranca;
sostén del nido de un paisano hornero.
Hoy te improviso un canto a lo campero
que de mi entraña mesmamente arranca.
Tu humildá, cina-cina, pura y franca,
mira pasar las aguas del arroyo
dende la altura en que tenés apoyo,
y aunque vivís sujeta a una querencia,
no hacés con el arroyo diferencia
porque sos fiel a tu paisaje crioyo.

Tus hojas son delgadas esperanzas
como los tientos de una lonja fina,
senciyés, que paisana se ilumina
con las florcitas que te nacen mansas:
son rubionas… con soles de añoranzas…
una gota de sangre les da vida,
y haciendo tu esistencia compartida
cuelgan racimos de pequeñas chauchas,
teniendo pa’ defensa, ¡planta gaucha!,
un montón de espinitas alvertidas.

Cina-Cina pobrona de ramaje
desparramao y con la sombra escasa,
durante el día un tibio sol, te abraza,
y en la noche, la luna es tu ropaje.
Puede que un viento a veces te desgaje
más no te vence una prepiada ansina.
¡Sos curtida, mi crioya cina-cina!
¡Sos senciyés dende la ráiz al cielo!
Por eso siento orguyo, yo, tu suelo,
porque somos los dos, de la Argentina!

                                                        (28/06/1981)

EL PONCHO DE LIBORIO

Viejo poncho ranquelino
que Liborio conservaba
diciendo qu’él heredaba
la prienda de su padrino;
y que a este a la vez le vino
como una herencia también,
de un indio que con Pincén
a la isla yevó sus güesos
en condiciones de presos
por orden de no sé quién.

Tenía un tajo zurcido
a una cuarta de la boca
justito ande’l pecho toca
…un malambo de latidos,
y aunque’so pudo haber sido
herida de sable o… rama,
Liborio pintaba un drama
que a uno hacía estremecer
…y apenas dejaba ver
la herida que había en la trama.

De vivir, bandea los cien
ya que ayá por el sesenta
Liborio tenía setenta
…y un poquito más también.
“-Por el año cuatro, el tren
hasta estos pagos yegaba
-decía Liborio- yo estaba
y cuando estuvo a la vista
de a cabayo, al maquinista
con mi poncho saludaba”.

Una güelta en un boliche
ande había naipe y taba
y al tirador lo volcaba
del más platudo al más piche,
un tal Floro Margariche
muy rico en campos y avíos
le ofertó plata en hastío
por el poncho, y él…lo apaga:
“¡Su mucha plata no paga
ni un fleco del poncho mío!”

Siempre’l poncho le servía
de’scusa pa’ una conversa
y la historia más dispersa
en su boca, se ceñía;
quién sabe, lo que decía
pueden ponerlo en cuestión,
mas ricuerdo la espresión
cuando dijo, que a su ver
por el poncho iba’a golver
el indio, alguna ucasión.

Cuando el alcohol de algún vino
le subía a la cabeza
él, arroyaba en la mesa
a su poncho ranquelino,
pero muy zorro y ladino
siempre tuvo un  fleco atao
ande un dedo hecho candao
ante un tirón lo avispaba
y muy suelto preguntaba:
“-¿…otro vino me ha pagao…?”

“-Yo no duermo -repetía-
siempre estoy como dispierto,
mi ojo cerrao… está abierto
disconfiando que se hacía.
Si viene la parca un día
(porque’ya siempre trabaja)
y haga ceñir con su  faja
mi pobre montón de mis güeso’,
pido entonces de’sprofeso
¡que sea el poncho mi mortaja!
                               
 Versos de Miguel Maj y Carlos Raúl Risso

CON LA TROPIYA

Al “gaucho” Miguel Maj

Sepa mi amigo que’stoy
firme y como horcón, ¡derecho!
aguantando -como al techo-
éste duro vivir de hoy.
Sabe que senciyo soy,
que nunca ensucié una suelta,
como que’n forma resuelta
siempre’ncaré dando el frente,
pues pa’ mi, pobre o pudiente
no es cuestión que me dé güelta.

 Me ha dicho el patrón que piensa
despoblar el puesto mío
dejando el campo baldío
pues pérdidas le dispensa;
pa’ más, y pa’ mi jue ofensa!,
me dijo de la tropiya
que’s mucho, si un hombre ensiya,
el tener tanto cabayo…
Pensé… yo nunca le fayo
y él me cuenta las costiya’.
  
Que’s mucho lo que hay que andar
sin que’l patrón venga y mande
cuando en un campo muy grande
uno ha ido a puesteriar;
hay que’star pa’ madrugar
cuando es crudón el invierno,
o cuando se hace un infierno
por el calor, el verano…
¡Yo al rigor dende temprano
y él, apuntando a un cuaderno!

Acá uno está distanciao
hasta del casco ‘e la estancia,
carcule la circunstancia
si anda de salú embromao;
jamás esiste un feriao
pues siempre hay algo que hacer,
¡si hasta si dentra a yover
algo hay que hacer en las casa’!
…pero eso que a mi me pasa
el hombre… no sabe ver.
  
L’única plata ‘e valor
es pa’ mi, cada cabayo,
¡si a las monedas detayo
priendidas del tirador!
No doblegaré’l honor
que’s mi más campero orguyo,
y pa’ esos lares me juyo
le confirmo y le adelanto,
si está en pie, lo que hace tanto
jue un ofrecimiento suyo.

 Des’ta forma lo anoticio
pa’ que sorpresa no sienta
que me han de arreglar la cuenta
pa’ fin de mes, me malicio.
Viá poner a su servicio
mis años de camperiar,
sé una orden acetar
y el trajinar no me humiya,
pero… ¿dejar la tropiya?
¡Ni muerto podrá pasar!
                                  (25/1/1998)
Carlos Raúl Risso E.-


                                                                                                                          

martes, 30 de agosto de 2016

UNA FAMILIA CAMPERA

 -relato-

hermanando a "Los Medinas" con "Los Diez Hermanos Rosales"

1
Ya que’l momento se ofierta
con la atención que apreceo
les vi’hacer el relanceo
de una historia que’s muy cierta,
que si mi vida dispierta
hace ya un tiempo muy largo
no le hago a la vida un cargo
si no yegué a capataz.
Endimientras… cuanti más
vaya ensiyando otro amargo.
2
Y ya que entonces estoy
ante tantos comensales
digo: ¡Juan Claro Rosales,
un servidor!, ese soy;
y anque de la vida voy
pegando la güelta’gata
ante una atitú insensata
deseguro masco el freno
“que habrán de pitar del güeno
pa’ pisarme la’lpargata”.
3
Ansina solía insistir
el Jacinto, un tío resero,
hombre baquiano y campero
siempre dispuesto a partir.
Y viene al punto decir
-anque’l ricuerdo taladre-
que’ra hermano de mi padre
de nombre Don Antenor
crioyo alvertido y ¡cantor!
y un Rosales ande cuadre.
4
Y como al “tata” he nombrao,
patrona de su cocina
era Doña Juana Urbina,
de la que’l nombre he’redao.
De un pago medio alejao
-como juyendo y con pena-
cayeron a Madalena
y la costa del “Zapata”
le’mpriestó una loma grata
y el tiempo, una dicha plena.
5
De las crías de’se casal
yo emprencipio la familia,
endispués continúa Emilia,
siguen Ángel y Marcial,
poniendo punto final
el menor, que’s Ataliva,
pero reservo saliva
y corto la rilación
que ya haberá otra ucasión
que a mis hermanos describa.
6
Mas, siguiendo por mi senda
crucé pagos a montones
porque pa’ ricos patrones
yo jui comprador de hacienda,
hasta que topé la prienda
que a su mirar me amadrina,
eya es Yolanda Medina
y de Chascomús la truje
y aún me dice con su empuje
que la vida no termina.
7
Veneranda Altamirano
y Don Crisantos Medina
jueron los tata ‘e mi china,
¡tronco por demás paisano!;
del hombre traté a un hermano,
el mayor, un tal Cerilo,
jue por Dolores, cabilo…
andaba de’squilador
y por vicio, al alfajor
yevaba con mucho filo…!
8
Eran mis años pocones
cuando mi tío Tadeo
me yevó ‘e pión di’un arreo
que diba pa’ Patagones,
y jue’n aqueyas cuestiones
-anque sea difícil creer-
de que vine a conocer
a unos reseros muy güenos:
Zoilo, Ulogio y Azuceno,
¡los tres tíos de mi mujer!
9
Corrió el tiempo y quién diría
¡echó señora Rosales!,
jue’n las Fiestas Patronales
de Julio, Santa María;
tantísima gente había
pa’ celebrar la junción,
y en el baile del galpón
que’staba cerca ‘e la plaza
topé la prienda crioyaza
que me ganó el corazón.
10
Eya andaba de paseo
-por las fiestas, casualmente-
en la casa de un pariente
que se apeyidaba Esqueo;
y endispués de algún tanteo
carculando el encontrón
acetó mi invitación
y al seguir del baile’l paso,
sentí en ese medio abrazo
beyaquiar el corazón.
11
Ande la orquesta dio tregua
le apalabré una visita
pero… ¡mi madre bendita
si tragué legua tras legua!
Aprendió el rumbo la yegua
y ayá diba la tropiya
por el barro o la gramiya
puntiando pa’ Chascomús
(…que nunca pesa la cruz
si hay un beso pa’ presiya!).
 12
Como lo que’mpieza acaba,
siéndole al trabajo fiel,
cái que Don Pablo Espinel
en su estancia me conchaba.
Y áhi nomás risuelto estaba
lo que había que decidir
pues casao me jui a vivir
cerca del casco ‘e la estancia
olvidando la distancia
de tanto dir y venir.
13
Y entonces cambia el sentido
de mi vida trajinada,
que con la mujer amada
el rancho más pobre es nido,
y hasta el trabajo esigido
se güelve más yevador,
que’n campos de “El Mirador”
-hoy ya distante colijo-
al yegar el primer hijo
sentí la dicha mayor.
14
En total y seguidones
vinieron media docena:
dos niñas, a cual más güena,
y el resto, cuatro varones.
Y entrando en esplicaciones
pa’l rilato, de rigor,
nuembro a Mariano, el mayor
-dende muy chico resero-
y anque pinta pa’ soltero
es bailarín y cantor.
15
El segundo es Desiderio,
un paisano alto y nervudo
sereno -por corajudo-
hasta en el trance más serio;
hombre de mucho criterio,
parejo como campero,
ya de hace mucho es carrero
que durmientes a granel
yeva a una punta de riel
ayá en un pago surero.
16
Endispués sigue Dionicio
que’s morrudo y retacón
y le suebra condición
pa’ soguero, que’s su oficio;
en las trenzas tuvo inicio
con mi viejo tío Balbino
una ucasión que aquel vino
y pasó un tiempito en casa,
y pa’ cencia tan crioyaza
¡mejor máistro no imagino!
 17
En el orden del rilato
le toca el turno a Santiago,
pa’l cabayo, brujo o mago
a juzgarlo por el trato;
por tal cuestión hace rato
que’s mentao el nombre d’él
y aura anda por “San Miguel”
entablando la tropiya
que habrá de ser de la siya
del patrón, Blas Esquivel.
18
Pa’ culminar la mención
las muchachas me quedaron
(esas que al rancho adornaron
con encanto de malvón);
cada una tuvo su unión
dichosa cual cascabel,
y aún ricuerdo el tiempo aquel
en que la mayor, María,
supo casoriarse un día
con el crioyo Omar Menviel.
 19
Pasao un tiempo, dispués,
ese mesmo rumbo inicia
la hija menor, Alicia,
que aura cayó en la viudez;
un campero sin revés
jue’l que me pidió el permiso,
hombre medido y conciso
pa’ la opinión más veraz
que supo ser capataz
por Barracas: Pedro Risso.
20
Ansí pues, sin maraviya
ni fantástico rilato
he pintao, hablando un rato
a tuita gente senciya
que’s como mejor se oriya
una vida verdadera,
que’n el pago cualisquiera
en que le toque caer
siempre se hace bien valer
¡¡ una familia campera !! 
                                   (17/01/1989)